Vistos los tiempos que corren no es de extrañar que se esté evidenciando esa actitud de “odiador” entre los jóvenes. Llevas un tiempo en el que no te aguantas ni a ti mismo, y aunque tu madre, seguramente, te tache de “vinagre” nosotros preferimos llamarte hater.  ¿Te sientes identificado?

  1. No soportas a la gente: el mero hecho de que alguien tenga un tipo de deje en la voz, se mueva de una forma peculiar o vista mal, puede llevarle de una patada a tu black list. No hay una regla- del mismo modo en que no la hay para entrar  a Berghain (la mejor discoteca de Berlin),- pero cada vez es más la gente que se queda a las puertas de tu casting diario. Eres un  Risto Mejide sin miramientos, y aunque hayas podido ser una persona social, con cientos de amistades,  tu círculo se ha visto afectado, ya que cada vez te da más pereza quedar con determinadas personas planas, a las cuales analizas mientras te cuentan su coñazo de vida, deseando trasladarte al programa de “Ahora Caigo” y abrirles la compuerta.  Odias a los cortos, los pelotas, los histriónicos, los prepotentes, los aburridos, los demasiado feos, los demasiado guapos, los falsos, los repeinados, los comedidos, los horteras, los taxistas, entre otros. Odias y mucho.
  1. Tu paciencia se ha visto limitada: te supera que la gente haga las cosas mal, o de un modo diferente a tu gusto, sobre todo cuando se trata de un servicio o producto por el que has pagado. Eres muy exigente y si algo no cumple tus expectativas, eres capaz de llamar  al encargado, poner una reclamación o “montar un pollo”. Lo que antes te daba vergüenza que hiciese tu padre, lo haces tú ahora constantemente, sin darte cuenta. Tu perfil en el trabajo es de tirano, y si tienes a gente a tu cargo, seguramente anden con pies de plomo para no hacerte entrar en cólera.
  1. Tienes enfrentamientos en rrss: te cabrean de sobremanera los comentarios o actitudes de la gente ante determinadas situaciones y eres incapaz de morderte la lengua. Tu mundo se detiene cuando descubres a comentarios estúpidos en redes sociales, y no puedes seguir viviendo, si no das tu opinión y desacreditas aquellos juicios de valor  que no van contigo y que, según tu punto de vista, están escritos por insensatos. Si a cambio tienes que sacrificar a algún amigo de Facebook, es sólo el precio que tienes que pagar para sentirte fiel a ti mismo.

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